Proyecciones indican que la inflación anual se moderaría al 31% en 2025, el nivel más bajo desde 2017
Las estimaciones económicas más recientes sugieren que la inflación en Argentina podría cerrar el presente año en torno al 31%, lo que representaría la variación más reducida del índice de precios al consumidor desde el ejercicio de 2017.
Este escenario, que refleja una notable desaceleración en el ritmo inflacionario, se fundamenta en la evolución de los últimos meses, donde la presión sobre los precios ha mostrado una tendencia descendente sostenida, aunque aún persisten desafíos en diversos sectores de la economía.
Durante los primeros diez meses del año, la inflación acumulada ha alcanzado aproximadamente el 193%, pero el proceso de enfriamiento se ha hecho evidente en la evolución mensual de los precios. Así, las variaciones intermensuales han experimentado una desaceleración progresiva, pasando de niveles cercanos al 12% en enero a cifras mensuales que se aproximan al 2% en los últimos períodos. Esta moderación se atribuye principalmente a la combinación de políticas monetarias restrictivas y un contexto de ajuste fiscal que ha contribuido a reducir la emisión de moneda y a estabilizar las expectativas inflacionarias.
Expertos consultados coinciden en que la proyección de un cierre anual en el orden del 31% depende en gran medida de la continuidad de las condiciones actuales, particularmente de la capacidad para mantener bajas las variaciones mensuales en los próximos dos meses. Factores como la estabilidad en el tipo de cambio oficial, la contención de los incrementos en los precios regulados y el comportamiento de la demanda interna serán determinantes para consolidar esta tendencia. No obstante, se advierte que cualquier alteración en el equilibrio fiscal o en la política cambiaria podría comprometer el proceso de desaceleración.
La eventual concreción de una inflación anual cercana al 31% marcaría un quiebre significativo respecto a los tres años anteriores, en los cuales las tasas superaron ampliamente el 200%. Esta proyección se presenta como un indicador de cierta estabilización macroeconómica, aunque las cifras mensuales siguen reflejando un nivel de inflación que, si bien en descenso, continúa impactando el poder adquisitivo de la población. Los analistas destacan que, pese a la reducción del ritmo inflacionario, el elevado nivel acumulado durante el año impone la necesidad de políticas complementarias orientadas a la recuperación del ingreso real.
En síntesis, el pronóstico de una inflación anual del 31% para 2025 se perfila como un hito en el proceso de contención de la espiral de precios, al configurarse como la tasa más baja en siete años. Sin embargo, la sostenibilidad de esta desaceleración requerirá de un marco de políticas económicas consistente y de la ausencia de shocks exógenos que alteren el rumbo actual. La evolución de los indicadores en los meses de noviembre y diciembre será crucial para confirmar si la tendencia de moderación se traduce efectivamente en un cierre anual que consolide la mejora en la dinámica inflacionaria del país.
