El oficial había sido tomado como rehén desde el mediodía, tras intervenir en un enfrentamiento entre reclusos, y su puesta en libertad fue confirmada tanto por el Ministerio de Seguridad porteño como por los propios detenidos.
Uno de los involucrados declaró a la prensa: “Ya lo entregamos, cumplimos con nuestra parte. No lastimamos a nadie”. En el mismo audio, los presos reclamaron por las condiciones de detención, al asegurar que no cuentan con duchas, que el espacio es muy reducido y que les arrojan gas pimienta.
El incidente se originó a raíz de una pelea entre aproximadamente diez reclusos dentro de la dependencia. Un efectivo ingresó al calabozo para intentar calmar la situación y terminó siendo reducido y retenido. Fuentes policiales reiteraron que no existió riesgo de fuga y que se trabajaba para resolver el conflicto con el personal disponible.
La pareja de uno de los detenidos se acercó al lugar y relató que su novio la llamó por la tarde para advertirle que creía que habría un motín y pedirle que avisara a su madre. El joven lleva siete días arrestado por una causa de violencia de género y, durante la visita del día anterior, le había señalado a un compañero conflictivo y le había descrito el clima como caótico, con frecuentes peleas.
Con la liberación del agente, el operativo de seguridad desplegado en la zona comenzó a normalizarse. Las negociaciones se habían desarrollado puertas adentro mientras se reforzaba el perímetro y se mantenía el control de la dependencia, que funciona como alcaidía en pleno centro porteño.
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