La estructura de aproximadamente 1.500 kilogramos finalizará su misión alrededor del viernes 6 de noviembre de 2026.
Lanzado en noviembre de 2004 con una vida útil prevista de solo dos años, el telescopio fue diseñado para detectar y estudiar los estallidos de rayos gamma, fenómenos cósmicos de enorme energía. Superó ampliamente las expectativas y realizó observaciones hasta el 20 de octubre pasado.
La mayor parte del artefacto se desintegrará durante el descenso debido al calor y las fuerzas aerodinámicas. Algunos componentes resistentes podrían sobrevivir, aunque lo más probable es que los restos caigan en el océano. El riesgo para la población es considerado bajo.
No se puede precisar el lugar exacto de la reentrada. La franja monitoreada abarca zonas de África, Australia, India, el sudeste asiático y América Central y del Sur. El aumento de la actividad solar aceleró el descenso al expandir las capas superiores de la atmósfera.
Un intento de rescate con una nave robótica en julio de 2026 falló. A pesar de su final, Swift deja un legado científico importante: detectó más de 2.000 estallidos de rayos gamma y generó un archivo de datos que seguirá siendo útil para la astronomía.

