El episodio generó preocupación entre los pasajeros y obligó a la compañía a retirar temporalmente de servicio un Boeing 787 Dreamliner para realizar tareas de limpieza y desinfección.
Según informó el medio australiano The Sydney Morning Herald, varios viajeros denunciaron haber sufrido picaduras durante el vuelo. Ante esta situación, los pasajeros afectados recibieron antihistamínicos por indicación médica, aunque las existencias disponibles a bordo se agotaron rápidamente debido a la demanda.
Tras detectar el problema en una cantidad limitada de asientos de la clase económica, la empresa decidió someter el avión a una limpieza profunda. Como parte de las medidas adoptadas, también canceló el vuelo de regreso previsto para esa aeronave, con el objetivo de garantizar que los trabajos sanitarios y técnicos se completaran antes de volver a utilizarla.
La suspensión del servicio obligó a reorganizar los planes de viaje de los pasajeros. Desde Qantas señalaron que ofrecieron alojamiento y gestionaron la reubicación de los afectados en otros vuelos dentro de las 48 horas posteriores al horario de salida originalmente previsto. Además, un portavoz de la compañía expresó sus disculpas por los inconvenientes ocasionados.
La aerolínea sostuvo que sus aviones reciben tareas periódicas de limpieza y que se realizan procedimientos de desinfección cada 50 días como medida preventiva. No obstante, el incidente puso el foco en los protocolos de higiene y control de plagas en el transporte aéreo, especialmente en vuelos de larga distancia, donde las condiciones de viaje pueden dificultar la atención inmediata de este tipo de situaciones.



