La combinación de las interrupciones en el estrecho de Ormuz y el avance del fenómeno climático de El Niño podría generar nuevas dificultades para la agricultura internacional y poner en riesgo el abastecimiento de alimentos.
Uno de los principales focos de preocupación es el posible aumento de los costos de producción. Las dificultades para transportar combustibles y fertilizantes, sumadas a las alteraciones climáticas, podrían encarecer las actividades agrícolas y reducir el rendimiento de los cultivos en distintas regiones del planeta.
A este escenario se agregan los problemas logísticos y comerciales, que podrían complicar la distribución de los alimentos incluso en aquellos lugares donde todavía existen reservas suficientes. De acuerdo con Torero, las interrupciones en las cadenas de suministro pueden impedir que los productos lleguen a las zonas con mayores necesidades a precios accesibles.
El impacto final dependerá de cuánto tiempo se prolonguen las restricciones en el comercio marítimo, de la intensidad de las alteraciones meteorológicas y de las decisiones que adopten los productores. También influirán factores como la demanda de biocombustibles, que puede modificar la disponibilidad de determinadas materias primas destinadas tanto a la alimentación como a la producción energética. Por el momento, la FAO no difundió una estimación global que permita cuantificar las consecuencias combinadas de ambos fenómenos.
Ante este panorama, el organismo internacional considera fundamental seguir de cerca la evolución de las cosechas, los precios de los fertilizantes y los combustibles, el movimiento del comercio mundial y los indicadores de inflación alimentaria. La evolución de estas variables será determinante para anticipar posibles faltantes, evaluar la presión sobre los precios y establecer medidas que ayuden a proteger la seguridad alimentaria, especialmente en los países más vulnerables.



