Nacionales · 19/10/2026 12:12

Hombre más alto de Argentina necesita ayuda para su tratamiento

Sergio Daniel Gómez, conocido como “Chiquito”, es el argentino de mayor estatura del país: mide 2,28 metros y tiene 40 años.

Hombre más alto de Argentina necesita ayuda para su tratamiento

Oriundo de Candelaria, Misiones, padece gigantismo y acromegalia, condiciones que lo obligan a seguir tratamientos costosos mientras enfrenta una situación económica muy ajustada. Actualmente reside en una pensión de Villa Devoto, en la Ciudad de Buenos Aires, y espera conseguir apoyo para mejorar su calidad de vida.

Nacido el 21 de enero de 1986, perdió a su madre a los tres meses de vida. A los 18 años se mudó solo a Buenos Aires en busca de trabajo y encontró empleo en un estacionamiento. Formó una pareja con la que convivió 15 años, pero hoy se encuentra separado y quiere formalizar el divorcio para avanzar con sus proyectos personales. A pesar de las miradas que recibe en la calle por su altura, insiste en que es una persona común y pide que lo traten con naturalidad.

Vive en una habitación pequeña de una pensión donde el alquiler mensual es de 550.000 pesos, mientras que su pensión por discapacidad apenas llega a 380.000. La diferencia lo obliga a depender de la solidaridad de otros. Calza número 56 y necesita una cama adaptada a su tamaño. Comparte momentos cotidianos con vecinos de la pensión, juega al fútbol y mantiene una rutina sencilla que incluye mate compartido, ya que no puede tomarlo solo.

Su salud es el principal desafío. Afirma que no deja de crecer y necesita dos tratamientos inyectables de alto costo: uno de aproximadamente 7,5 millones de pesos cada 28 días y otro de 280.000 pesos cada cuatro meses para controlar un tumor que comprime su cerebro. Martina, una mujer misionera que lo considera su “hermana del corazón”, lo acompaña a las consultas y lo ayuda a gestionar la búsqueda de recursos. Ella llegó a su vida tras enterarse de su internación en el Hospital Argerich, donde estuvo dos meses y medio después de haber vivido en condiciones precarias.

Más allá de las dificultades médicas y económicas, Gómez mantiene un sueño claro: conseguir una vivienda propia y abrir un vivero, actividad que le apasiona. Mientras sigue con controles en el Hospital Argerich y se traslada en transporte público, su prioridad inmediata es acceder a los medicamentos que le permitan estabilizar su salud y avanzar hacia una vida más independiente.