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Los daños cognitivos no siempre se revierten con cambios en la dieta

Un reciente estudio científico puso en duda la idea de que sea posible recuperar plenamente las capacidades cognitivas tras abandonar una alimentación rica en grasas y azúcares.

Aunque mejorar los hábitos nutricionales genera beneficios en la memoria, la recuperación suele ser parcial y no alcanza los niveles de quienes nunca consumieron dietas poco saludables.

Los investigadores realizaron una revisión sistemática y un metaanálisis de 27 estudios preclínicos realizados en roedores. El objetivo fue evaluar no solo la memoria, sino también otros comportamientos como la ansiedad, la depresión, la actividad general y la motivación para comer, comparando animales que cambiaron a una dieta saludable con aquellos que mantuvieron hábitos deficientes.

Los resultados indicaron que los roedores que adoptaron una alimentación saludable obtuvieron mejores desempeños en pruebas de memoria. Sin embargo, la doctora Simone Rehn, autora principal del trabajo, advirtió que “esas mejoras fueron incompletas”, ya que incluso después de varias semanas, la memoria no se equiparaba a la de los animales que siempre tuvieron una dieta equilibrada.

La recuperación cognitiva mostró diferencias importantes según el tipo de mala alimentación previa. Mientras que los efectos de las dietas altas en grasas fueron más reversibles, las dietas ricas en azúcares añadidos y combinaciones de grasas y azúcares demostraron muy poca evidencia de recuperación, según detalló Rehn.

El doctor Mike Kendig, coautor del estudio, resaltó la relevancia de los modelos animales para aislar el impacto de la dieta sobre el cerebro, algo difícil de lograr en humanos debido a factores como el ejercicio y el estrés. Ambos investigadores coincidieron en que, si bien cambiar la alimentación es positivo, evitar exposiciones prolongadas a dietas perjudiciales resulta clave para proteger la salud cerebral a largo plazo.